Anceu village
De coliver a vecino: Víctor, nuestro Rural Champ

En nuestro último post contamos cómo ha cambiado Anceu en siete temporadas. La comunidad ya no vive solo dentro de la casa. Ahora se extiende por la aldea y por toda la comarca, a través de personas que llegan, se quedan y empiezan a construir algo propio.
Víctor es uno de los ejemplos más claros. Llegó a Anceu como coliver y, en realidad, nunca se fue.
Víctor, el coliver que se convirtió en vecino.
De dos habitaciones abandonadas a un espacio de movimiento
Víctor llegó a Anceu por primera vez en 2022, para un par de estancias. Llevaba unos años moviéndose de un sitio a otro después de dejar Madrid y su trabajo como profesor. Vivir un poco aquí y un poco allá le había dejado algo agotado y perdido. Al principio, Anceu iba a ser otra parada temporal. Pero le gustó. Conectó con la gente de aquí. Y vio posibilidades.
Así que, en lugar de seguir su camino, decidió parar un tiempo, y fue conociendo la aldea dando un poco de vida a la casa del pueblo, con sesiones de boxeo y de ajedrez para quien quisiera venir. Después de contar que tenía planes de quedarse más tiempo, le invitaron a instalarse en el antiguo bar de la aldea. Al principio no era gran cosa: dos habitaciones abandonadas, un baño y una terraza vacía. No hubo un gran plan ni una única chispa. Creció despacio, como crece un huerto; de hecho, una de las muchas cosas que hizo fue plantar uno delante.
Creció despacio, como crece un huerto.
Lo que empezó como un bar se convirtió en un gimnasio. Poco a poco fue trayendo un saco de boxeo, algunas pesas y las colchonetas de Anceu, y convirtió la sala principal del antiguo bar en un espacio de verdad para moverse y entrenar. Hoy son unos 35 m² de tatami y material, abiertos a la aldea y a nosotros.
Mientras viajaba, y al principio de su estancia en Anceu, se ganaba la vida dando clases de idiomas online. El trabajo deportivo fue creciendo en silencio a su lado, temporada tras temporada, hasta que en algún momento dejó las clases online y se lanzó del todo.
Entrenando a niños en Pontevedra
Como el gimnasio de Anceu es más bien un proyecto de pasión, también empezó a trabajar en Pontevedra, la ciudad grande más cercana. Desde el año pasado entrena a un equipo de baloncesto de niños pequeños.
Víctor trabaja con niños desde los dieciséis años, y entrenar es lo que más le gusta. Para él no se trata solo de enseñar un deporte. Se trata de ayudar a una persona pequeña a crecer como deportista y, por el camino, como mejor persona.
Entrenar es lo que más le gusta.
El equipo perdió sus diez primeros partidos seguidos, en parte porque empezó jugando contra equipos mayores y con más experiencia. Él les dijo a las familias desde el principio que empezarían a ganar en marzo. Y en marzo, ganaron.
Cuando Víctor habla de entrenar y de crear equipos en el rural, hay unas cuantas ideas que salen una y otra vez:
- Primero hay que ganarse a la gente. Tanto a los niños como a las familias. Tienen que venir y comprometerse. Cuando confían en que el esfuerzo es por el bien de los propios niños, puedes apretar y exigir más (lo ideal, entrenar dos o tres veces por semana).
- Perder enseña lo que ganar no puede. La competición pone a un niño en situaciones de la vida real, un compañero que pierde los nervios, una decisión injusta, ser claramente inferior, que construyen una madurez emocional que usará mucho más allá del baloncesto.
- Sin marcador. Los niños juegan casi siempre sin un marcador visible, para quitarles presión. Igualmente notan cuando un partido va bien.
- Felicitar la decisión, no la canasta. Nunca felicita a un niño por anotar. De eso ya se alegra todo el mundo. Felicita el valor de tirar, la decisión de volver a defender, las cosas sencillas bien hechas. Le dice claramente a un niño cuando no está haciendo lo que se le pidió, pero nunca humilla a nadie.
- La atención es la verdadera batalla. Más que la técnica, lo difícil hoy es ayudar a los niños a mantenerse centrados y presentes. Las distracciones están en todas partes y la capacidad de atención es corta. Y eso vale también para los adultos, como él es el primero en admitir.
- Probarlo todo, especializarse después. Cree que los niños deberían correr, saltar y trepar todo lo posible. Un niño con capacidad física puede disfrutar de casi cualquier deporte, y de una vida más sana cuando sea mayor.
Rural Champs: de los más pequeños a los más mayores
El nombre Rural Champs salió de los adultos que vinieron a aquellas primeras sesiones de boxeo y entrenamiento. Lo que tenían en común era la propia vida rural: cortar leña, cargar estiércol o cemento, mantener un huerto en todas las estaciones. Para vivir en el campo hay que mantener el cuerpo fuerte. Eso es un «campeón rural»: alguien que vive y tira para adelante en el rural, con lo bueno y con lo duro.
Algunos de los primeros Rural Champs, después de una sesión de boxeo en la casa del pueblo.
A partir de esa idea, Rural Champs se ha convertido en algo que hoy abarca casi una vida entera.
Los niños. Por su pasión por entrenar, también quiso poner cosas en marcha en Anceu y alrededores. A través del colegio de Ponte Caldelas, lo que empezó como unas pocas sesiones de baloncesto, sueltas y divertidas, se ha convertido poco a poco en un pequeño club. Este año, las jugadoras más pequeñas, sobre todo niñas, empezaron a participar en encuentros de baby-basket con niños de otras aldeas. También hay un grupo de predeporte para los más pequeños, que en realidad es movimiento, juegos y sentirse a gusto en su propio cuerpo. Y cada junio hay una escuela de verano en Anceu, un grupo pequeño de unos doce niños que mezcla deporte, tiempo en el bosque y en el huerto, y juego creativo. La última edición fue este junio.
De unas pocas sesiones sueltas a un pequeño club.
Los mayores. Un grupo para personas de unos 60 años en adelante, centrado en movilidad y fuerza, para que envejecer sea un poco más fácil y la gente se siga moviendo durante más tiempo. Empezó a través de Rural Hackers con el apoyo de la Fundación «la Caixa», con el nombre de Nova Lonxevidade Rural (nueva longevidad rural; hablaremos de ello en nuestro próximo post), y funcionó tan bien que se abrió un segundo grupo. Ahora las sesiones son dos veces por semana.
Los vecinos, y nosotros. Para la mediana edad: entrenamiento funcional y boxeo en el antiguo bar, varias veces por semana. Es una mezcla de vecinos de la aldea y gente de nuestra edad de la zona, y está abierto a los colivers. Nuestra comunidad se pasa a menudo a entrenar con la gente del lugar, que es justo el tipo de cruce pequeño y cotidiano que esperábamos que Anceu pudiera crear.
Comunidad, a dos escalas
En nuestro último post contamos que una comunidad funciona a dos escalas a la vez: la cercana, dentro de la casa, y la más amplia, tejida entre personas de toda la comarca.
Escuela de verano en el huerto.
Víctor es cómo se ve eso en una sola persona. Un antiguo coliver que se convirtió en vecino, y que hoy conecta a los niños de la aldea, a sus mayores, a sus adultos y a los colivers que pasan por aquí, todo desde un antiguo bar reconvertido a dos pasos de casa.
Puedes conocer más sobre su trabajo en Rural Champs. Y si te apetece formar parte de la comunidad de Anceu, ven a verlo por ti mismo.